El gobierno de El Salvador plantea que se debe actualizar la Constitución de la República para superar algunos anacronismos que cimentaron la actual Carta Magna que rige el país.

El gobierno asegura que la actual constitución fue elaborada por fuerzas políticas, económicas y sociales que dominaron la época del conflicto armado y que se resisten a ceder su corriente de pensamiento hacia otra donde se aborden las nuevas problemáticas sociales, las instituciones del Estado y el bienestar de los salvadoreños.

La matriz constitucional es la misma desde 1950, cuando se proclamó una constitución moderna y muy avanzada para su época, que creó instituciones que 70 años más tarde se vuelven disfuncionales.

La esencia de la propuesta planteada por el Gobierno, a través de la designación hecha por parte del Presidente Nayib Bukele al vicepresidente Félix Ulloa, es la de estudiar escenarios y las nuevas realidades que deben de ser incluidas en la Constitución, que data de 1983, y que tiene errores, contradicciones y vacíos según han reconocido diputados de la Asamblea Constituyente que la redactó, y que la Sala de lo Constitucional ha tenido que corregir mediante múltiples sentencias, por lo que está claro que reformar la Carta Magna, entre otros resultados contribuirá a garantizar derechos fundamentales ausentes, como el Derecho Humano al Agua, a la democratización del sistema político y electoral del país y la modernización de la institucionalidad, acorde a los nuevos tiempos.

En 1992, el Instituto de Estudios Jurídicos de El Salvador (IEJES), liderado por el hoy vicepresidente Ulloa, hizo planteamientos concretos para que El Salvador se dotara de una nueva Constitución para “un nuevo país”, los cuales fueron bloqueados.

En el escenario ideal, el Presidente Bukele, asumiendo su rol de líder de la nación, incluso puede proponer a toda la sociedad una metodología similar a la del Plan Cuscatlán para que sea una verdadera consulta popular para que partidos políticos, sociedad civil, entidades académicas y profesionales, iglesias y organizaciones de todas las corrientes y espectros puedan plantear sus inquietudes, recomendaciones y enfoques, para luego ser sistematizados en mesas de trabajo, incluso bajo el auspicio de organismos internacionales.

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