El condado de Los Ángeles comenzó a permitir reaperturas adicionales a medida que los casos de coronavirus continúan estabilizándose.

Pero la noticia se conoció junto con la advertencia de que el COVID-19 sigue siendo una gran amenaza y la gente debe tener cuidado. “El virus está muy extendido en nuestra comunidad”, apuntó el Dr. Muntu Davis, oficial de salud del condado de L.A. “Las mejoras que vemos no significan una victoria. Todavía es fácil de transmitir y, a menudo, las personas que son contagiosas no presentan síntomas”.

Los salones de belleza y las barberías podrán funcionar en interiores al 25% de su capacidad si practican el distanciamiento social y si los empleados usan mascarillas y siguen otros requisitos relacionados con la salud.

Los dueños de peluquerías y salones se alegraron ante la noticia de la reapertura, pero a algunos les preocupa que la regla del 25% de capacidad sea demasiado estricta.

“Los propietarios no reducirán sus contratos de arrendamiento en un 75%”, comentó Fred Jones, asesor legal de la Federación de Profesionales de la Belleza de California.

Los centros comerciales permanecen cerrados, por ahora. Eso despertó la preocupación de los dueños de negocios y empleados que han luchado estos últimos meses con una enorme incertidumbre financiera. “Estamos ansiosos por reabrir por completo para poner a trabajar a un número considerable de personas”, destacó María Mainville, directora de comunicaciones estratégicas de Taubman, que es propietaria del Beverly Center y opera varios otros centros comerciales en todo el país.

A partir del 14 de septiembre, las escuelas K-12 pueden ofrecer servicios en su interior para grupos pequeños de estudiantes con discapacidades, alumnos que requieren instrucción en inglés como segundo idioma y aquellos que necesitan otros servicios especializados. Las instituciones podrán ofrecer servicios a estos estudiantes siempre que implementen completamente los protocolos de reapertura del condado.

Las pautas del condado indican que las escuelas deben mantener grupos pequeños y estables de no más de 12 estudiantes y dos supervisores, para garantizar la seguridad de maestros y alumnos. Para ofrecer servicios las entidades educativas deberán presentar un plan operativo al Departamento de Salud Pública del condado y adherirse a los protocolos de reapertura.

La superintendente de la Oficina de Educación del Condado de L.A., Debra Duardo, remarcó que el anuncio del miércoles fue “muy alentador”. Agregó que “nuestros estudiantes con necesidades especiales y los aprendices de inglés son los más vulnerables durante este tiempo de aprendizaje a distancia”.

Si bien las reglas del condado están destinadas a priorizar la seguridad, no garantizan que un sistema escolar esté listo para abrirse a estas clases pequeñas. El superintendente de escuelas de L.A., Austin Beutner, señaló en declaraciones anteriores que él, como muchos empleados del distrito, entra en una categoría de alto riesgo y que no pediría a los empleados que corrieran un riesgo que él mismo no está dispuesto a correr.

Otra incógnita el miércoles era hasta qué punto los grupos laborales de un distrito tendrán que aprobar planes para llevar a los estudiantes de regreso a los campus. El sindicato de maestros de Los Ángeles -y los gremios en muchos otros sistemas escolares- solo recientemente finalizaron un acuerdo sobre las reglas para el aprendizaje a distancia. Las pautas para el retorno a las aulas requerirán de una ronda de negociaciones por separado.

El Distrito Unificado de Long Beach, el segundo más grande del condado de L.A., con 85 escuelas y aproximadamente 70.000 estudiantes, discute actualmente si estará listo para abrir el 14 de septiembre para estudiantes con necesidades especiales.

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