Miles de salvadoreños dejan su país en busca de un mejor futuro para ellos y toda su familia, con trabajo y dedicación muchas veces cumplen con sus propósitos y consiguen emprender en un nuevo país, creando empresas familiares, como es el caso de Glenda Valdez.

Glenda es originaria de Usulután, El Salvador, a la temprana edad de seis años, su vida da un giro cuando su madre decide migrar a Estados Unidos, específicamente a Los Ángeles, para poder ofrecerle un mejor futuro a ella y sus dos hermanos.

Pasaron 12 años para que Glenda pudiera reunirse nuevamente con su madre, “mi mamá nos arregló los papeles y a la edad de 18 años vine a Estados Unidos, sin hablar nada de inglés”, recuerda.

Para Glenda, fue un reto muy difícil encontrarse en otro país “yo no hablaba nada de inglés, diferente cultura y todo diferente, comencé a estudiar y trabajar al mismo tiempo y logré graduarme como enfermera, pero nunca he ejercido mi profesión, ya que siempre he estado inmersa en los negocios familiares, me dedique a ayudar a mi madre”, explica.

La madre de Glenda trabajó todos los días durante 15 años como cocinera en restaurantes, durante todo ese tiempo logró hacer un ahorro y es cuando su hermana, la tía de Glenda, le sugiere que ya es el momento de iniciar su propio negocio.

“Mi mamá se emocionó con la idea ya que siempre había querido tener algo propio y es así como ella junto con mi hermano mayor compran el primer negocio de la familia”.

Es de esa forma que en 1998 abren el restaurante “Mi querido Pulgarcito”, nombre en honor a El Salvador, país que es popularmente conocido como el “Pulgarcito de América” debido a su extensión de 21.041 km².

Más adelante le cambiaran el nombre a “Pulgarcito Family”, pero siempre manteniendo la tradicional comida salvadoreña que los ha caracterizado por más de 20 años y que les ha valido el reconocimiento de la alcaldía de Los Ángeles como la mejor comida salvadoreña.

Sin embargo y como todo negocio en sus inicios enfrentaron retos “uno de los principales fue el dinero, porque aparte de comprar el local se tenía que invertir en remodelaciones, además, el área donde se compró en esos tiempos había mucha venta de droga y había problemas, también, el hacer la clientela ya que era un local nuevo”, fueron los principales retos que enfrentaron nos cuenta Glenda.

El restaurante inició únicamente con una empleada que se desempeñaba como mesera, luego todo recaía en la familia de Glenda, ya que su madre era la cocinera y ella juntos con sus hermanos se encargaban de ayudarla en todo lo que podían.

Mi mamá trabajaba desde las 8 a. m. hasta 1 a. m. del otro día, estuvo así un año, pero todos los esfuerzos dieron fruto porque logró hacer una gran clientela, porque no es porque si madre, pero cocina deliciosa”, nos cuenta.

El plato estrella del restaurante es “uno mixto que lleva carne asada, chorizo asado, casamiento, camarones, pechuga de pollo asado, vegetales a la plancha, es de los más buscados, también los desayunos típicos son famosos, tamal, casamiento, huevo, crema, queso, todo al estilo salvadoreño”.

Su negocio fue tan prospero que a los cuatro años lograron expandirse y compraron un Sport Bart “donde hay mesas de billar, pantallas para ver deportes”. Y pasado otros cuatro años, vuelven a invertir y compran un mercadito.

Es de este último del que Glenda toma las riendas como propietaria “hace cinco años mi mamá me dice que ya no estará en el mercadito y decido comprarlo para administrarlo directamente”.

Uno de los principales logros que destaca Glenda es que han conseguido “mantener a la familia unida”, además que han logrado convertirse en fuente de empleo, ya que pasaron de tener un empleado a darle un puesto de trabajo a 24 personas”.

“Yo no les llamó logros, sino bendiciones”, asegura. Bendiciones que también le han permitido invertir a su madre invertir en propiedades en El Salvador, país al que suelen visitar dos veces al año y de donde llevan los ingredientes para elaborar sus platillos 100% con sabor salvadoreño.

Sin embargo, la actual situación de la pandemia de COVID19 ha generado una situación muy difícil en sus negocios “en abril tuvimos que cerrar los negocios, hay comida solo para llevar en los restaurantes y ha afectado mucho especialmente para las personas que estaban trabajando con nosotros porque no tienen las mismas horas de trabajo que tenían antes”, explicó.

Ahora, sus planes son que sus hijos sigan sus pasos y que preserven la gastronomía familiar como lo ha hecho por décadas su familia “verlos algún día con sus propios negocios, guardando nuestras raíces y cultura, es uno de los mayores sueños”.

Para finalizar, Glenda envía un mensaje a todos los salvadoreños “lo primero es encomendarse a Dios y poner en sus manos, las metas y sueños y esforzarse porque no hay nada que no se pueda conquistar, hacerles saber que, aunque estamos en un país que no es el nuestro, este país nos ha dado una oportunidad y hay que trabajar honestamente y saber valorar todo y que todo lo que emprendamos y queramos hacer lo podemos hacer”.

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